En la ciudad de Tandil, provincia de Buenos Aires, comenzó a desarrollarse una experiencia educativa extracurricular que busca que niños, niñas y jóvenes de entre 5 y 17 años aprendan haciendo. A través de proyectos que integran ciencia, tecnología, diseño y creatividad, el espacio trata de responder a la necesidad de generar entornos donde el aprendizaje combine saberes técnicos con habilidades humanas como la colaboración, la escucha y el pensamiento crítico
Más allá del uso instrumental de la tecnología
La iniciativa surge en un contexto donde la expansión de la tecnología en la vida cotidiana no siempre se traduce en una comprensión profunda de su funcionamiento. En muchas trayectorias escolares, el uso de herramientas digitales se limita a lo instrumental, sin avanzar hacia la producción, el diseño o la resolución de problemas reales.
Frente a este escenario,
Nómade Maker Club se posiciona como una respuesta pedagógica que busca ampliar las oportunidades de aprendizaje más allá del aula formal.
El objetivo no es solo enseñar contenidos vinculados a la tecnología, sino generar experiencias donde los estudiantes puedan apropiarse de esos saberes, comprenderlos y utilizarlos para crear. Desde esa perspectiva, el proyecto se propone como un complemento a la escolaridad, orientado a fortalecer capacidades que muchas veces quedan en segundo plano en los formatos tradicionales.
El espacio funciona durante el ciclo lectivo con encuentros semanales de dos horas, organizados por grupos etarios. La estructura pedagógica se basa en el desarrollo de proyectos que integran disciplinas bajo el enfoque
Educación STEAM, combinando ciencia, tecnología y creatividad.
El proceso como eje del aprendizaje
La clave metodológica no está únicamente en el producto final, sino en el proceso de construcción colectiva. Los estudiantes trabajan en equipos, intercambian ideas, prueban soluciones y ajustan sus decisiones en función de los resultados obtenidos.
Además, la propuesta incorpora una dimensión formativa para docentes, con el objetivo de transferir el modelo de trabajo. Esta decisión refuerza la idea de que el proyecto no se limita a una experiencia aislada, sino que busca generar capacidades en el sistema educativo local.
El trabajo en equipo aparece como una dimensión central. Las dinámicas de colaboración, el intercambio de ideas y la resolución conjunta de problemas generan aprendizajes que trascienden lo técnico. Se desarrollan habilidades como la argumentación y la toma de decisiones.
El proyecto se presenta como una experiencia abierta a estudiantes de distintas instituciones educativas de Tandil, lo que amplía su alcance territorial y su potencial de impacto. La organización prevé cupos limitados y una estructura por edades, lo que permite sostener un trabajo pedagógico más personalizado.
A mediano plazo, uno de los desafíos será consolidar la propuesta y evaluar su sostenibilidad en el tiempo, así como su capacidad de articulación con escuelas y otros espacios educativos. La formación docente aparece como una estrategia clave para potenciar esa expansión.
En términos de replicabilidad, el modelo ofrece elementos transferibles, especialmente en lo vinculado al aprendizaje basado en proyectos, el enfoque interdisciplinario y la centralidad de las habilidades socioemocionales. Sin embargo, su implementación en otros contextos requerirá adaptaciones según las condiciones institucionales y territoriales.
La experiencia de Nómade Maker Club muestra que integrar tecnología en educación no implica solo incorporar herramientas, sino transformar las formas de aprender. Cuando el conocimiento se construye en proyectos, en diálogo y con sentido, se habilitan trayectorias más activas, reflexivas y conectadas con los desafíos contemporáneos.
Otras notas de esta sección