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Otto Granados: “La pandemia tiene que servir para transformar la educación”

Por: Mauro Rey  |  Domingo 25 de Abril de 2021

El presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) confía en que se encontrarán soluciones a los problemas más inquietantes sobre el futuro del Sistema Educativo.



¿Es posible saber cómo será la educación en 2030? O más bien, ¿seguirá existiendo la escuela como la conocemos para ese entonces? Dado el panorama actual, donde la pandemia por COVID-19 puso en evidencia los graves problemas e ineficiencias que arrastra el sistema educativo, solo podemos afirmar que el futuro de la educación es incierto. 

Frente a las problemáticas actuales, la solución parece ser dejar de lado la inercia que nos condujo a la situación previa a la crisis y comenzar a buscar soluciones innovadoras y transformadoras a partir del conocimiento y la evidencia.

El Presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Otto Granados, charló con Educrear sobre las problemáticas que devino de la pandemia, el rol que empezaran a ocupar las tecnologías de la información y los cambios que deben generarse en el Sistema para una mayor vinculación entre educación, economía y empleo.

Educrear (EC): ¿Cuáles son las consecuencias del cierre de escuelas a causa del Coronavirus?

Otto Granados (OG): En un primer término podemos ver que hay una implicancia en lo que se llama “pobreza de aprendizajes”, que va a repercutir en los ingresos laborales de los estudiantes de la siguiente generación. También hay un impacto directo en la economía porque la educación, en su sentido más amplio, ayuda al crecimiento de la economía, la productividad y la competitividad. Por cada cuatro meses que una escuela está cerrada se pierden 2.5% de los ingresos futuros de la siguiente generación.

EC: ¿Cómo se piensa en la vuelta a la presencialidad?

OG: Los países están en una tensión entre a qué le das prioridad: tener bajo control la pandemia o abrir las escuelas, y son dos cuestiones que están chocando entre sí. Me parece que con la información que contamos podemos volver a la presencialidad de manera gradual y con la mayor seguridad posible. Es urgente regresar a la escuela.

EC: Según un informe de UNICEF, a lo largo de la pandemia el ingreso educativo para países de ingresos bajos se redujo un 65% y para los de ingresos medios-altos un 35%, ¿será un problema a la hora de retomar la presencialidad?

OG: No se trata solo de volver a la presencialidad sino de ver cómo llegan los alumnos y docentes porque vamos a necesitar programas agresivos y una intervención rápida para recuperar los aprendizajes perdidos. Necesitamos que los líderes políticos, educativos y organizaciones internacionales pongan mucha más atención y recursos para mitigar la tragedia educativa que va a dejar el COVID-19.



Hacia fines de 2020, la OEI publicó una obra que recoge artículos académicos con el que miembros del Consejo Asesor, compuesto por expertos y especialistas internacionales, buscan dar respuesta a los interrogantes que se generan en torno al futuro de la educación. En “La Educación del Mañana: ¿inercia o transformación?” se analiza a través de 18 artículos bilingües –en castellano y portugués- las lecciones aprendidas de la crisis, cómo será la educación en la década del 2030, cuál debe ser el uso de la tecnología para mejorar el aprendizaje o el papel de la formación de adultos para incentivar el crecimiento económico en la región. “La pandemia tiene que servir para plantearnos una transformación educativa que el día de mañana van a requerir los niños y los jóvenes de Latinoamérica”, asegura Granados.

EC: ¿Qué opinión tenés acerca de las soluciones que encontraron los países en América Latina para continuar con el aprendizaje? 

OG: Todos trataron de prestar cierto servicio educativo como mejor pudieron mediante la televisión, la radio o la computadora. No había muchas más opciones. Pero no es una solución estructural porque lo que se hizo fue exportar el aula a la pantalla sin ninguna transformación de carácter técnico, digital o visual. Ahora sabemos que estamos ante una gran oportunidad de usar la tecnología con fines educativos siempre y cuando construyamos un ecosistema de innovación.

EC: Y para eso, ¿qué se necesita?

OG: Generar programas intensivos para entrenar a los docentes, que se sientan cómodos y exploten las enormes posibilidades que te brinda la tecnología para innovar en las técnicas didácticas y pedagógicas.



EC: En el primer capítulo del libro mencionas que la Educación Superior necesita un cambio, ¿por qué hacés hincapié en la última parte del trayecto estudiantil?

OG: Hay un diseño histórico en los sistemas educativos de los países donde se trabaja por silos, los diferentes escalones no están transversalmente articulados o lo hacen de manera ineficiente. Lo que planteamos es que se debe tener una mirada a largo plazo. El chico que hoy entra a primaria en aproximadamente 18 años va a terminar sus estudios universitarios, y en ese lapso el conocimiento se pudo haber triplicado, la inteligencia artificial habrá llegado a nuevos horizontes y el mundo de la economía y el empleo van a estar fuertemente asociados a la generación del conocimiento.

EC: ¿Creés que existe una dificultad en la arquitectura curricular para conectar mejor la Universidad con el mercado del trabajo?

OG: En un estudio de la OEI levantamos una encuesta con 35 empresas multinacionales de Iberoamérica donde el 75% de los empleadores nos expresó que encontraban problemas al momento del reclutamiento debido a las brechas en la adquisición de habilidades, de calidad y de desarrollo de competencias. Las Universidades deben hacer una revisión exhaustiva y no quedarse solo con la entrega del diploma. Deben dar un seguimiento para ver cómo le va a ese egresado en el mercado del trabajo y así tener una vinculación eficiente entre educación, economía y empleo.

El exsecretario de Educación Pública de México Otto Granados afirma que lo urgente es “volver a clase presencial” respetando todos los protocolos de seguridad para empezar a recuperar parte de lo perdido en términos de aprendizaje. Al mismo tiempo la mirada debe estar puesta en la educación del futuro, donde el papel de la tecnología resulte central y el docente deberá correrse de su papel tradicional para ser más el de un potenciador de conocimientos y aprendizajes.

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