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SUPER TitoBot, un robot para acompañar y cuidar a personas mayores

Por: EDUCREAR  |  Martes 20 de Octubre de 2026

Estudiantes de quinto y sexto grado de la Escuela Normal “José Manuel Estrada” Regional, de la ciudad de Corrientes, desarrollaron un robot capaz de desplazarse de manera autónoma, reconocer obstáculos y acercar medicamentos a una persona mayor.



El desafío inicial nació en el marco de las Olimpíadas de Robótica y buscaba construir un “asistente hogareño” capaz de moverse dentro de una maqueta que representara una vivienda, utilizar sensores y tomar decisiones sin intervención humana.

A partir de esa consigna, un grupo de estudiantes de quinto y sexto grado empezó a trabajar en una propuesta que buscaba ir más allá del cumplimiento técnico de la competencia. Querían que el robot resolviera una necesidad concreta y que la robótica tuviera un propósito social. Así nació TitoBot.

De una consigna técnica a una necesidad humana

La historia que construyó el equipo parte de un personaje, Don Tito, una persona mayor que tiene dificultades para recordar los horarios en los que debe tomar sus medicamentos.

Desde allí apareció una pregunta que terminó orientando todo el proyecto: ¿podía un robot ayudarlo a cumplir con esa rutina?

TitoBot fue diseñado para desplazarse de manera autónoma por una maqueta, reconocer obstáculos, detectar la ubicación de Don Tito y acercarle una pequeña caja con medicamentos. Cuando llega al punto indicado, se detiene, muestra en pantalla que encontró a la persona y abre automáticamente la caja.
 
El valor pedagógico de la propuesta aparece justamente en ese pasaje entre una consigna tecnológica y una situación concreta. Los estudiantes no trabajaron solamente sobre motores, sensores o programación. Tuvieron que pensar para qué servía cada decisión técnica y a quién podía ayudar.

Sensores, programación y decisiones

Para construir TitoBot, el equipo combinó distintos componentes de robótica y programación.

El robot utiliza una placa Arduino UNO, un controlador L293D y dos motores para desplazarse. También incorpora un sensor ultrasónico para detectar obstáculos, cuatro sensores infrarrojos para reconocer señales en el piso, una pantalla LCD y un servomotor encargado de abrir y cerrar la caja de medicamentos. 

Todo el sistema fue programado con el entorno de Arduino. A partir de ese trabajo, los estudiantes pudieron comprender de manera práctica cómo un robot recibe información del entorno a través de sensores y cómo responde según las instrucciones programadas.

Cada componente dejó de funcionar como una pieza aislada. Un sensor servía para evitar choques, otro permitía reconocer una señal y un motor cumplía una función específica dentro de la tarea general del robot.

Cuando TitoBot se convirtió en SUPER TitoBot

Después de conseguir que el robot encontrara a Don Tito y acercara los medicamentos, el equipo empezó a formular nuevas preguntas. ¿Qué pasaría si se cortara la luz? ¿Y si hubiera fuego? ¿Qué ocurriría ante una pérdida de agua o una inundación?

De esas preguntas surgió la idea de incorporar una “mochila inteligente” que ampliara las funciones originales del robot. La nueva estructura utiliza una placa Arduino Nano y trabaja de manera independiente, aunque puede comunicarse con el sistema principal. Con esta incorporación nació SUPER TitoBot.

La mochila agrega sensores capaces de detectar distintas situaciones de riesgo. Si disminuye considerablemente la iluminación, se encienden dos luces blancas. Si detecta una llama, activa una alarma sonora y una luz roja. Cuando reconoce agua, genera un sonido diferente y enciende una luz azul.

El equipo decidió además que las alertas debían ser tanto sonoras como visuales. La elección surgió al pensar que algunas personas mayores pueden tener dificultades auditivas y que una alarma únicamente sonora no sería suficiente.

De esta manera, la luz roja indica presencia de fuego y la azul presencia de agua. La decisión incorporó una nueva dimensión al proyecto: no alcanzaba con que el robot funcionara técnicamente, también era necesario pensar cómo diferentes personas podrían recibir una advertencia.



Aprender cuando algo no funciona

Como en muchos proyectos de robótica, buena parte del aprendizaje apareció cuando las cosas no salieron como esperaban.

Hubo momentos en los que TitoBot no avanzaba correctamente, no reconocía las señales del piso, no esquivaba los obstáculos o requería nuevos ajustes en la velocidad de los motores. La incorporación de la mochila sumó otros desafíos, como la alimentación eléctrica y la comunicación entre dos placas Arduino. Cada dificultad obligó al grupo a observar, probar, conversar, modificar y volver a intentar.

Ese proceso permitió trabajar contenidos técnicos, pero también otras capacidades vinculadas con la resolución de problemas, la paciencia, el trabajo en equipo y la confianza entre compañeros.

Para los docentes, uno de los aprendizajes más valiosos estuvo justamente allí. Los estudiantes comprendieron que equivocarse no significa fracasar, sino encontrar una nueva oportunidad para revisar una idea y buscar otra solución.

Una experiencia que sigue abierta

El proyecto no termina con la competencia. El equipo ya piensa nuevas posibilidades para SUPER TitoBot, como incorporar comunicación inalámbrica, enviar avisos a un teléfono celular, agregar otros sensores o desarrollar nuevas funciones que amplíen su capacidad de asistencia. 

Pero la intención es que esas nuevas ideas continúen surgiendo de los propios estudiantes.

El recorrido de TitoBot muestra una de las posibilidades de la robótica educativa cuando el desafío técnico se vincula con una pregunta concreta. Los chicos programaron, ensamblaron componentes, resolvieron problemas y pusieron a prueba distintas soluciones. Pero, al mismo tiempo, tuvieron que pensar qué necesidad querían atender y por qué.

En ese proceso, el robot fue cambiando. Primero debía moverse. Después tenía que encontrar a Don Tito. Más tarde aparecieron nuevas funciones relacionadas con la seguridad y la accesibilidad. Y con cada modificación también cambió la pregunta pedagógica.

Ya no se trataba solamente de lograr que el robot funcionara, sino de comprender para qué y para quién estaban construyendo tecnología.

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