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Educación agraria en pandemia

Por: EDUCREAR  |  Miércoles 12 de Mayo de 2021

La pandemia, que condicionó el ciclo lectivo 2020, obligó a las escuelas rurales a adaptarse ante las dificultades que se presentaban para asistir a los establecimientos educativos.



En Argentina, hace más de un año que miles de escuelas de gestión estatal y privada, rurales y urbanas, primarias y secundarias intentan mantener un acompañamiento y un vínculo pedagógico con sus cientos de miles de alumnos. Quienes asisten a escuelas agrarias están expuestos doblemente a muchas complicaciones que impiden una correcta trayectoria escolar. Las largas distancias, nula conectividad, y la falta de dispositivos móviles generan, en algunos lugares del país, altos niveles de deserción. 

Por medio de la Encuesta de Continuidad Pedagógica, el Ministerio de Educación de la Nación confirmó que la pandemia perjudicó a un millón de chicos y adolescentes. “Tenemos una percepción de que hay un 20% del total de alumnos que quedaron desenganchados del sistema educativo. No quiere decir que hayan abandonado, pero hay una lucha permanente para que los chicos regresen a estudiar”, asegura el Director Ejecutivo de la Asociación Civil y Voluntaria FEDIAP, Juan Carlos Bregy. 

Dicha entidad trabaja desde 1974 en perfeccionar a las comunidades institucionales que brindan educación en y para el medio rural de Argentina. Actualmente la conforman 150 escuelas distribuidas en 17 provincias. Estas instituciones albergan cada año alrededor de 21.000 alumnos y trabajan allí 4.000 personas, entre directivos, técnicos y docentes.

“Los primeros meses estuvimos esperando que nos bajen los lineamientos, pero la premisa fue quedarse en casa y bajo ninguna excusa aparecer por la escuela. Ahí fue cuando comenzaron los problemas”, afirma Claudio Trosh, director de la Escuela de la Familia Agrícola de Mocoretá, Corrientes. 

Los problemas que comenta Claudio fueron: mantener la producción de animales, frutas o verduras que se lleva a cabo en cada institución y continuar el acompañamiento pedagógico. Para la primera problemática cada profesor o técnico se hizo cargo de un entorno formativo, concurriendo a la institución en diferentes horarios para realizar el mantenimiento necesario. Mientras que para acompañar la trayectoria escolar de los alumnos se diseñaron actividades que se enviaban por WhatsApp, reuniones sincrónicas por algunas plataforma virtual o envío de cuadernillos con las actividades.



En el Centro de Educación Integral San Ignacio del Paraje San Cabao (Junín de los Andes, Neuquén) ya se contaba con una plataforma virtual institucional funcionando previo a la pandemia, pero solo el 10% de los docentes la utilizaban. “Con la llegada de la primera cuarentena todos los profesores debieron mudar su trabajo a la virtualidad”, afirma Sergio Rumene, profesor y referente del área de Educación de la Fundación Cruzada Patagónica, que gestiona la institución educativa.

En el caso de las Prácticas Profesionalizantes, se articularon diferentes mecanismos para que los alumnos puedan realizarlas en sus hogares. “Se les mostraba algún video sobre lo que debían realizar y luego los acompañábamos por diferentes plataformas virtuales”, nos explica Julio Arcieri, docente del Instituto “Virgen de Itatí” en Pampa del Infierno, Chaco.

A partir del 2021 varias escuelas pudieron regresar a la presencialidad y así retomar cierta “normalidad” en las instituciones. “Tenemos una propuesta bimodal: alternamos una semana en la escuela y dos con actividades en el hogar. No es la situación ideal, pero es superadora con respecto al ciclo lectivo anterior, ya que la presencia de alumnos nos permite realizar actividades en las secciones productivas y afianzar el vínculo entre docentes y compañeros”, detalla la directora de la Escuela Agropecuaria de Emilia (Santa Fe), Gabriela Barolo.

Respecto a la virtualidad, esta debe consolidarse paso a paso, entendiendo que ayudará a descentralizar y promover el aprendizaje autónomo, pero conducido por profesionales. Esta descentralización implica facilitar al estudiante herramientas necesarias, en lugar de dirigirlo en todo momento. También permitirá acercar a los estudiantes a tecnologías presentes en un futuro ejercicio profesional.

Para que cada joven logre una aprehensión clara y concisa de las herramientas tecnológicas es necesario capacitar a los docentes en un escenario que demanda constante actualización. Es por eso que desde FEDIAP se generaron 18 tipos de capacitaciones virtuales mediante tres líneas de trabajo: centrarse en la formación de nuevas competencias digitales, la parte pedagógica sobre cómo abordar la virtualidad; y capacitaciones sobre el sistema agroindustrial, cómo se encuentra el mercado y nuevas formas de comercialización. “Nuestro objetivo es apoyar y sostener a las instituciones desde lo anímico y encontrar soluciones para facilitar la vinculación virtual entre docentes y alumnos”, señala Juan Carlos Bregy.



¿Qué busca la Educación Agropecuaria en su extensión social? Vincular a los estudiantes con los sistemas productivos, para que apliquen saberes, resuelvan problemas, realicen el ejercicio profesional integrándose en diferentes procesos productivos; favorecer el aprendizaje en lugares donde se genere una pluralidad de ámbitos, incentivando la creación de un régimen que conciba a todas las ofertas para los jóvenes y adultos como un continuo de prestaciones; posicionar socialmente los proyectos o emprendimientos gestados por nuestros estudiantes; y fomentar el desarrollo de proyectos orientados hacia la sustentabilidad y la diversificación productiva.

Según los datos censales más recientes (2010) la población rural en Argentina es de 3.683.559 personas, representando el 9,2% del total del país. Respecto a la evolución de los últimos 50 años podemos advertir un proceso sostenido de disminución de pobladores rurales. Esto representa una dificultad debido a que el sistema educativo debe formar para el mundo del trabajo, siendo el sector agrario el de mayor porcentaje en las exportaciones del país.

“El desafío del sistema educativo agropecuario es vincularse mejor con el medio productivo. Acompañar a los alumnos en generar nuevas herramientas para que ellos sean los próximos formadores, y por otro lado saber que la educación es continua, que debe mantener la capacidad de mejora en los criterios de empleabilidad y formación”, afirma el Director Ejecutivo de la Asociación Civil y Voluntaria FEDIAP, Juan Carlos Bregy. 

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