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Educación a prueba de virus

Por: Mauro Rey  |  Martes 4 de Mayo de 2021

La educadora y escritora Mariana Maggio nos brinda en su nuevo libro algunas claves sobre la transformación que vivió la escuela durante la pandemia.



La crisis de la pandemia de COVID-19 estalló en la educación con el cierre de los edificios escolares y la problemática de que la mayoría de estudiantes, incluso docentes, no poseen acceso a dispositivos tecnológicos ni a una conectividad de calidad. Aún teniendo a disposición los elementos necesarios no fue fácil poner en funcionamiento un sistema que no se encontraba pensado para la virtualidad. En “Educación en Pandemia. Guía de supervivencia para docentes y familias” (Paidós), Mariana Maggio aborda la pregunta más difícil de responder: “Y ahora, ¿qué hacemos?”.

El recorrido de su libro está pensado desde tres aristas. La primera son las escenas que nos dejó el 2020 para reconocer lo sucedido y las lecciones que sí se aprendieron. En segundo lugar, se desarrolla un marco que bordea y aborda la educación durante la pandemia, en busca de superar visiones dicotómicas, y pone la mirada sobre los cambios culturales que exigen revisar los modos de pensar y hacer enseñanza. Por último, finaliza con una guía orientada a una acción educativa que sea, además, un puente a la transformación educativa. “Me pareció que era necesario escribir lo que estaba pasando desde una perspectiva crítica, analítica, no solo para comprenderlo sino también para generar algunas discusiones sobre lo que viene en materia de educación”, afirma la docente y escritora Mariana Maggio.

El Sistema Educativo, en un primer momento, puso a disposición diferentes materiales con la intención de generar propuestas que permitan a los estudiantes acercarse a una variedad interesante de contenidos, en diferentes plataformas. Videos, radio, WhatsApp, aulas virtuales fueron algunos de los recursos que se valieron tanto los docentes como las instituciones educativas para estar lo más cerca posible de cada alumno o alumna. Para Maggio, esa primera etapa representó que no se revisara el contenido de lo que recibían los chicos para que “el proceso de aprendizaje de devolución y reconstrucción sea el adecuado”.

Mientras que el segundo momento estuvo marcado por la realización de encuentros sincrónicos por distintas plataformas virtuales. Esto ayudó a recomponer el vínculo social entre docentes y alumnos, pero significó que regresen prácticas básicas dónde hay una figura explicando a un grupo pasivo. “Sentí que algunos avances en materia de renovación educativa se perdieron por la tensión que se genera con el uso de la tecnología”, asegura Maggio.



“Lo más interesante es superar esos dos momentos y pensar propuestas más complejas, ensambladas, dónde articulamos lo presencial y lo virtual de manera que tenga sentido para el proyecto pedagógico sostenido aún en situaciones de intermitencia”, sostiene.

Según datos del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), el 36% de los hogares argentinos no tuvo acceso a internet fijo. Estas desigualdades representan un problema al momento de estudiar. Según la autora de “Educación en Pandemia. Guía de supervivencia para docentes y familias” la pandemia “aceleró el proceso de transformación social” de la mano de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), mostrando que las interfaces son amigables, pero mostró una “deuda en cuanto a la inclusión social”.

En un apartado de su libro Maggio incorpora el concepto de “dinámica en vivo” para entender que los cambios pedagógicos deben cobrar un ritmo mayor para igualar a los cambios culturales que se suscitan. Allí asegura que no debe esperar a que exista una teoría desarrollada para aplicar en la dinámica escolar sino más bien ir experimentando las tendencias culturales: ponerlas en el seno de la clase, documentarlas y reconstruirlas teóricamente. “Estamos en un momento donde podemos pensar a las instituciones educativas como grandes oportunidades para crear saberes nuevos que no repitan lo existente”.



Los medios dedican tiempo y espacio a la educación como pocas veces se ha visto. ¿Qué podemos hacer con los chicos en casa? ¿Cuántas horas pueden estar frente a las pantallas? ¿Será esta una generación perdida? Las y los docentes, ¿están preparados para este mundo? ¿No es acaso tan importante educarse como comer? Para la investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en estos meses se “disputó políticamente la modalidad educativa”. En su visión hay que generar encuadres posibles de cierta flexibilidad para que cada alumno tenga una propuesta educativa que “le permita seguir aprendiendo más allá de las circunstancias”.

Pero he aquí que, tal como lo definieron las políticas educativas en Argentina, “seguimos educando”. Las escuelas, los institutos y las universidades demostraron ser más que sus edificios físicos. La educación es un derecho a prueba de virus, expresado en un compromiso político y social que va más allá de las circunstancias.

“Cuando la pandemia pase y nos podamos sentar a reflexionar sobre lo que vivimos vamos a tener que dar una oportunidad a pensar una escuela que en el marco de un proceso social muy complejo va a ser más inclusiva, dónde todos los chicos y chicas tengas las mejores oportunidades para terminar todos los niveles de la escuela”, augura Mariana Maggio. 
 

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