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Argentina frente al desafío de sostener trayectorias y aprendizajes

Por: EDUCREAR  |  Viernes 23 de Octubre de 2026

Un informe de Argentinos por la Educación muestra que el país alcanza una asistencia escolar del 97% entre adolescentes de 15 y 16 años. Sin embargo, al incorporar las trayectorias y los aprendizajes, solo 19 de cada 100 jóvenes de 15 años llegan a esa edad sin sobreedad y con los conocimientos mínimos esperados en Lectura y Matemática.



Argentina se encuentra entre los países con mayor escolarización adolescente de América Latina. Según el informe Índice de Resultados Escolares en América Latina, elaborado por Martín Nistal y Lucía Vallejo para Argentinos por la Educación y publicado en octubre de 2026, el 97% de los jóvenes de entre 15 y 16 años asiste a la escuela.

Entre los nueve países analizados, solo Chile presenta una tasa superior, con el 99%. Brasil, Perú y Uruguay alcanzan el 96%; Paraguay y Ecuador, el 92%; Colombia, el 88%; y México, el 79%.

El dato muestra una fortaleza importante del sistema educativo argentino: una alta proporción de adolescentes permanece dentro de la escuela. Pero el informe propone ampliar la mirada y no observar únicamente el acceso.

Para hacerlo utiliza el Índice de Resultados Escolares (IRE), que combina tres dimensiones: asistencia, avance escolar sin sobreedad y logro de los conocimientos mínimos esperados en Lectura y Matemática. De esta manera, busca conocer cuántos estudiantes llegan a los 15 años en lo que el estudio denomina “tiempo y forma”.

Una alta presencia dentro de la escuela

La escolarización adolescente creció en los países analizados durante los últimos años. Argentina se ubica actualmente en el segundo lugar de la comparación regional y pasó de una tasa de asistencia del 90% en 2009 al 97% en 2025.

Ese crecimiento permite observar una expansión sostenida del acceso y la permanencia. Sin embargo, estar dentro del sistema educativo no garantiza por sí mismo que los estudiantes avancen en los tiempos previstos ni que alcancen determinados aprendizajes.

Ahí aparece la principal tensión señalada por el informe.

Cuando se consideran en conjunto la escolarización, la ausencia de sobreedad y los resultados obtenidos en PISA, Argentina registra un IRE del 19%. Esto significa que 19 de cada 100 jóvenes de 15 años están escolarizados, cursan en el año correspondiente a su edad y alcanzan al menos el nivel mínimo de desempeño en Lectura y Matemática.

En ese indicador, Uruguay ocupa el primer lugar con 35 de cada 100 estudiantes, seguido por Chile con 34, Brasil con 25 y Perú con 23. México y Colombia alcanzan 20, Argentina 19, Ecuador 14 y Paraguay 7.



Qué ocurre con las trayectorias

Uno de los elementos que influyen en estos resultados es la sobreedad. En Argentina, el porcentaje de jóvenes de 15 años que se encontraba cursando grados o años inferiores a los correspondientes para su edad disminuyó considerablemente entre 2009 y 2022: pasó del 38% al 16%. Sin embargo, en 2025 volvió a crecer y alcanzó el 21%. Este dato no debe confundirse con el IRE del 19%, que además de considerar la trayectoria escolar incorpora los aprendizajes alcanzados en Lectura y Matemática.

El informe señala que las trayectorias pueden verse afectadas por distintos factores, entre ellos la repitencia, el ingreso tardío al sistema, interrupciones de la escolaridad y abandono temporal. También influyen las reglas de promoción, los criterios de evaluación y otras características de los regímenes académicos.

La sobreedad, de todos modos, no permite explicar por sí sola qué sucede con los aprendizajes. Un estudiante puede avanzar de año y no alcanzar los saberes esperados. Por eso el índice intenta observar ambas dimensiones de manera conjunta.

Una evolución que plantea desafíos

La evolución histórica muestra un retroceso del indicador argentino.

En 2009, Argentina tenía un IRE del 26% y ocupaba el tercer lugar entre los países analizados. En 2012 bajó al 23%, nivel que se mantuvo en 2018. Luego descendió al 22% en 2022 y alcanzó el 19% en 2025. De esta manera, el país pasó del tercer al séptimo lugar dentro de la comparación regional.

Durante ese mismo período, otros países siguieron trayectorias diferentes. Uruguay alcanzó en 2025 el mayor índice de la región, con 35%, mientras que Chile quedó en 34%. Brasil llegó al 25% y Perú, después de haber alcanzado el 30% en 2018, retrocedió al 23%.

Los autores advierten, sin embargo, que no se trata únicamente de un problema argentino. A nivel regional se observa una dificultad para transformar las mejoras en cobertura educativa en trayectorias sostenidas y aprendizajes suficientes.



Los recursos económicos no explican todo

El estudio también relaciona los resultados educativos con indicadores económicos.

Argentina presenta el tercer PBI per cápita más alto entre los nueve países considerados y una tasa de pobreza del 15%, pero su IRE se encuentra por debajo del de Brasil y Perú, que registran menores niveles de ingreso relativo y mayores niveles de pobreza.

Esto no significa que las condiciones económicas no tengan influencia. Uruguay y Chile, que lideran el índice, presentan también altos ingresos y bajas tasas de pobreza.

Lo que plantea el informe es que una mejor situación económica no garantiza automáticamente mejores resultados educativos. Entre los recursos disponibles y los aprendizajes intervienen también las políticas educativas, las prácticas de enseñanza, las trayectorias de los estudiantes, las condiciones institucionales y las estrategias de acompañamiento.

El desafío de convertir escolarización en aprendizaje

El 97% de escolarización adolescente coloca a Argentina en una posición destacada dentro de los países latinoamericanos analizados y refleja un logro que no debería pasar inadvertido.

Los datos muestran que todavía existe una distancia importante entre estar en la escuela, avanzar en los tiempos esperados y alcanzar los aprendizajes considerados fundamentales.

El informe permite entonces correr la discusión de una pregunta centrada exclusivamente en el acceso hacia otra más compleja: qué sucede con los estudiantes durante su recorrido escolar.

Sostener una alta escolarización continúa siendo indispensable. Pero el desafío educativo también pasa por transformar esa presencia cotidiana en mejores trayectorias, aprendizajes significativos y mayores oportunidades para que los jóvenes puedan continuar estudiando y desarrollar sus proyectos de vida.

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