El ausentismo escolar puede convertirse en una señal temprana de dificultades de aprendizaje y desvinculación. Una investigación del
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) analiza su magnitud en
Argentina y
América Latina y propone fortalecer los sistemas de información para transformar el registro cotidiano de asistencia en una herramienta de protección de las trayectorias educativas.
La nota técnica
Asistencia escolar y políticas para el sostenimiento de trayectorias, elaborada por
Juan Suasnábar, Tamara Vinacur y Silvina Alegre y publicada en julio de 2026, combina evidencia nacional y regional, registros administrativos y un relevamiento de políticas públicas. El trabajo utiliza, entre otras fuentes,
ERCE 2019,
PISA 2022 y las evaluaciones
Aprender 2022 y
2023.
Un problema que comienza en la primaria
Los datos muestran que la asistencia irregular alcanza una dimensión significativa desde la escuela primaria. Según
ERCE 2019, el 36,5% de los estudiantes de tercer grado y el 37,1% de sexto grado de América Latina reportaron dos o más ausencias en un mes. En Argentina, esos porcentajes ascendieron al 46% y al 50%, respectivamente.
La relación con los aprendizajes es uno de los principales hallazgos. A nivel regional, los estudiantes con ausentismo recurrente obtuvieron entre 16 y 28 puntos menos en las pruebas de Matemática que quienes tuvieron una asistencia regular. En Argentina, las diferencias fueron estadísticamente significativas en todas las áreas y grados analizados y llegaron a 27,82 puntos en Matemática de sexto grado.
Aprender 2023 permite observar el fenómeno dentro del país. Tres de cada diez estudiantes declararon diez o más inasistencias durante el ciclo lectivo, mientras que solo el 12% señaló no haber faltado nunca. La situación presenta, además, fuertes diferencias territoriales: Buenos Aires registró un 40% de estudiantes con niveles críticos de inasistencia, Tierra del Fuego un 39% y Chubut un 38%.
Las causas tampoco son uniformes. El 62% mencionó problemas de salud propios, el 29% la falta de alguien que pudiera llevarlo a la escuela y el 27% dificultades vinculadas con el traslado o el clima. El informe muestra que en los sectores socioeconómicos más vulnerables adquieren mayor peso las barreras de acceso y las responsabilidades de cuidado o trabajo.
La secundaria y el riesgo de desvinculación
En el nivel secundario, las inasistencias pueden anticipar procesos de alejamiento progresivo de la escuela.
Aprender 2022 muestra que el 44% de los estudiantes del último año declaró haber acumulado 15 o más faltas durante el ciclo lectivo, una cantidad que el informe equipara con perder al menos un mes completo de clases. Apenas el 4% afirmó no haber faltado nunca.
También en secundaria aparece una asociación entre asistencia y desempeño. Los estudiantes argentinos que declararon haber faltado al menos a una clase durante las dos semanas previas a
PISA obtuvieron entre 15 y 22 puntos menos en Lectura, Matemática y Ciencias. Cuando las ausencias superaron los tres meses, las brechas excedieron los 40 puntos en todas las áreas.
La preocupación también aparece entre los equipos directivos. Según
Aprender 2022, el 49% consideró que el ausentismo había sido un problema moderado o grave durante el último año. A nivel nacional, la diferencia en Lengua entre las escuelas donde no era percibido como un problema y aquellas donde era considerado serio alcanzó los 63 puntos.
Convertir el registro en una alerta
Uno de los ejes del estudio es la necesidad de cambiar la manera de utilizar la información. Un promedio de asistencia institucional puede resultar insuficiente para identificar estudiantes que atraviesan períodos reiterados o intermitentes de ausencia. Los registros nominales y longitudinales permiten observar cuánto, cuándo y con qué frecuencia falta cada estudiante y detectar patrones antes de una eventual interrupción de la trayectoria.
El
BID propone abordar el problema mediante cuatro dimensiones interdependientes: gobernanza, indicadores y umbrales, sistemas de información y protocolos de intervención. La meta es superar una concepción de la asistencia limitada al control administrativo y convertir el dato en un insumo para tomar decisiones educativas.
El desafío, entonces, no consiste solamente en contar faltas. Se trata de reconocer qué revelan esas ausencias sobre las trayectorias y disponer de capacidad institucional para actuar a tiempo. Detectar patrones de inasistencia mientras todavía existe margen de intervención puede ser una herramienta decisiva para sostener la continuidad pedagógica y evitar que una asistencia cada vez más intermitente termine en la desvinculación escolar.Otras notas de esta sección