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Las clases presenciales en el foco de la discusión: ¿Es posible una semipresencialidad integral e inclusiva?

Por: Dolores San Pelegrini  |  Domingo 14 de Marzo de 2021

La vuelta a las clases presenciales es un hecho. Pero la situación varía debido a las distintas condiciones de las escuelas y a los diversos contextos sociales, económicos y sanitarios. ¿Qué disyuntivas plantea este nuevo formato educativo y cuáles son las desigualdades que se desnudan y se tornan imposibles de invisibilizar?



Tras un año de aulas físicas vacías e inhabitadas por la ausencia innegable de los cuerpos, luego del no encuentro físico y en medio de la nostalgia, la presencialidad, bajo una nueva forma  y protocolizada, está instalándose lenta y paulatinamente. Una de las preguntas que surgen es qué complejidades plantea este nuevo escenario y si la semipresencialidad puede abrazar un horizonte integral e inclusivo a nivel educativo.

Según Verónica Lamanna, especialista en Didáctica, diplomada en Constructivismo y Educación, quien también es profesora de nivel inicial y de Ciencias de la Educación, el regreso a las escuelas era necesario. Resalta que, más allá de la cuestión del orden académico o meramente pedagógico, tiene un especial interés la vuelta al espacio y al escenario de la subjetivación “por excelencia”. “Resulta ser toda una oportunidad para que la escuela siga pensando y pueda post pandemia cambiar y capitalizar aquellas prácticas que han resultado novedosas y significativas”, destaca.



De igual manera,  la docente de Nivel Primario, Valeria Villamil, quien ha comenzado a dar clases de forma presencial, entre máscaras, barbijos, distancia y protocolos, remarca que aquello que sucede en el colegio es “mágico”, y que durante el tiempo de virtualidad se “evidenció” la necesidad de que los chicos y chicas estén habitando las instituciones. De todas formas sostiene que “hoy es difícil estar en las aulas”, por todos los cuidados que se deben respetar y la existencia de nuevas dinámicas.

Villamil recuerda que mediante las pantallas, al utilizar Zoom, Meet y demás, el hecho de compartir se perdía e insiste en que “era algo muy enriquecedor que desde ese espacio no estaba”, debido a que la parte vincular es eminentemente presencial. “En lo presencial, si bien sostenemos que estén con la distancia, con el barbijo y que se laven las manos, los chicos juegan, se hacen chistes, se ríen, tienen su comida, su bebida, pero comparten ese momento, que no es lo mismo por un Zoom o una videollamada”. Detalla y subraya que “esa es la parte vincular que faltaba a través de las pantallas, verse las caras, mirarse a los ojos, reírse con el otro y las miradas cómplices”. Aunque de todas formas llama a no desconocer las situaciones familiares y el contexto de cada uno.

Para Lamanna, se debe pensar en la necesidad del encuentro y situarlo en una realidad distinta, así como también se tiene que reflexionar sobre la necesidad de la enseñanza pero partiendo de propuestas metodológicas que se ajusten a un nuevo canal y a nuevos medios. Es evidente que la escuela se ha modificado e irremediablemente los docentes y alumnos están cambiando con ella. “Porque luego de semejante evento, la escuela no tuvo opción que aggiornarse, aprender a enseñar distinto, mientras que los estudiantes tuvieron que aprender a aprender diferente”, asegura.

Ahora, ¿el formato de la semipresencialidad puede ser integrador y responder a la pluralidad de demandas? Algo que no se puede negar es que las realidades varían según las condiciones de cada establecimiento escolar. Para la diplomada en Constructivismo y Educación “son muchos los obstáculos por sortear”, dado que considera que el formato que combina lo presencial y lo virtual resulta ser “un desafío en sí mismo” porque “se ponen en juego muchísimas variables”. “Todo lo que refiere a lo material, en relación a los protocolos de salud, pero también lo que refiere a los recursos humanos, quiénes pueden ir, quiénes no… También esto se replica con los estudiantes, quiénes viven en situación de riesgo, quiénes pueden ir a la escuela y el tema del acceso a todo este mundo digital y tecnológico”, especifica.



“No todas las escuelas tienen la posibilidad de poder llevar adelante los protocolos ya que hay escuelas que no tienen agua, que no tienen luz, puertas, como sí hay otras escuelas, no pensándolo en términos tan trágicos, que tienen matrículas especialmente pobladas, y no tienen manera de garantizar una presencialidad sistemática”, apunta.

Al mismo tiempo, Villamil, la profesora de nivel inicial, sostiene que los protocolos en muchas oportunidades se vuelven “incordiosos” pero que, como el deseo por lo presencial es imperioso, intentan cumplirlos de manera estricta, “les incomode o no” y aunque los mismos inexorablemente modifiquen las dinámicas escolares. No obstante reconoce que el riesgo sanitario “está y es inevitable”.
Un horizonte reflexivo claro es que el formato de la escuela tal como lo conocíamos se encuentra en deconstrucción y la invitación a replantearlo se produce casi por ósmosis, y es en este sentido que la especialista en Didáctica entiende que este año “es mucho más desafiante que el anterior”. Por eso nuevamente, tal como ocurrió en pleno aislamiento social, “aparece lo plural, lo heterogéneo, la precariedad, la diferencia y la necesidad imperiosa” de pensar una y otra vez políticas públicas que tiendan a hacer que las posibilidades puedan ser garantizadas para todos los que transiten el ámbito escolar.  

“Hay algo que es totalmente cierto y es que todas las lamentables diferencias, en torno a lo económico, a lo cultural, a lo social, y lo sanitario, esta pandemia las ha puesto más en manifiesto aún, entonces claramente las diferencias se agravaron”, lamenta Lamanna ¿Y qué se puede hacer ante las diferencias si estas se encuentran todavía más expuestas que antes?

La desigualdad que se torna imposible de invisibilizar


Pero, ¿qué ocurre en aquellos barrios donde el traslado a las escuelas es dificultoso, en los que no hay conexión a Internet, o en aquellos cuyas condiciones económicas y sociales dificultan que la semipresencialidad sea exitosa? Martín Ferreira es el creador y director ejecutivo de la organización civil SonRisas. Trabaja, junto a un equipo amplio y de forma mancomunada, en pos de brindarle un espacio a chicos, chicas y adolescentes, para que puedan encontrar un marco adecuado para el desarrollo de su niñez y adolescencia. En diálogo con Educrear dejó en claro que, si bien considera que las intenciones políticas son buenas, con el nuevo formato educativo al que se apunta la brecha de la desigualdad se amplía.

Ferreira recorre semanalmente diferentes barrios, cuyas condiciones son bastante marginales: en algunos casos no cuentan con asfalto ni con cloacas. “La primera percepción y conclusión es que todo está muy desordenado, hay horarios donde entra uno de los chiques, después entra  otro, otra, y es complicado en el sentido logístico”, advierte. 

“Pero después hay madres de adolescentes y de chicos de secundaria diciendo que les es imposible otro año como el anterior, que fue muy difícil, pero generar que vuelvan con estos esquemas raros se torna muy complicado”, contextualiza. Todavía son muchas las familias que no tienen conectividad y que no cuentan con la posibilidad de realizar los encuentros virtuales que también se deben llevar adelante en esta nueva escuela surgente. (Dado que en algunos casos la modalidad es asistir una vez por semana a la escuela y luego continuar el aprendizaje por Zoom, hasta la semana siguiente).

Asimismo trasladarse hacia el colegio para muchos no es una experiencia grata: “Esto de tener que caminar varias cuadras hasta el asfalto, llegar a la escuela y tener más de tres chicos de primaria, que salen cada veinte minutos, claramente a muchas personas no les da el tiempo de ir y volver, ir y volver, sumado a las actividades, complejidades cotidianas y al contexto general de complicaciones”. Entonces, según quien lidera SonRisas, el panorama se torna “bastante malo”.



“Entiendo que la presión social puede generar movimientos o necesidades de la clase dirigente, que necesitan la construcción de poder, y analizarlo por fuera de eso y pensar que solo les importa las elecciones no creo que esté bien”, analiza. Además sostiene que desde el Gobierno Nacional y Provincial “se hizo todo lo posible en pos de que se ejecute de la mejor manera posible” para la vuelta a la presencialidad en el aula. 

“Creo en que no se puede hacer un sistema unificado y uniforme y pensar que eso abarca a todos y todas y que con eso resolvemos los problemas, creo que el sistema formal de educación tiene muchas falencias sistémicas, no creo que sea culpa ni de los docentes, ni de la política, ni de los funcionarios, ni de los sindicatos, ni nada, son estructurales y vienen arrastrándose hace mucho tiempo, y entiendo que una pandemia no solo visibiliza sino que profundiza”, reflexiona.

“Para quienes están en SonRisas, estudiantes mayores de edad, creemos que como sociedad fallamos, y se les violó un derecho universal del niño, que es el de estudiar”, enfatiza el director de la agrupación. Entonces, con este panorama vertido sobre la mesa, pensar sobre formas alternativas de educación se vuelve fundamental, si efectivamente se quiere avanzar hacia un sistema educativo que sea plural y que identifique que los contextos para el aprendizaje no son homogéneos. 

 

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